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2010

Instalación Habitar la instalación de Santiago Pinyol es como cumplir el sueño de volverse miniatura. Entrar en la textura más profunda de las cosas, o de nuestra representación de las cosas, más exactamente. Entrar en las gráficas esquemáticas tridimensionales, es decir, las estructuras moleculares de lo que existe. Y es curioso pensar que esas moléculas allí representadas son a su vez procesadas y asimiladas por los cuerpos, como en un viaje extendido al interior de la química. Y de la fiesta. La química de la celebración, la fiesta interiorizada fisiológicamente. La procesión de los químicos va por dentro. En este ejercicio de dispersión, se nos evidencia la materia de la que está hecha la fiesta, la realidad de una de las drogas que se consumen en esta ciudad, que no es cocaína pura, ni más faltaba. Es una mezcla de sustancias tan disímiles como cemento, aspirina y harina, un coctel diseñado en función de la economía y de la monocromía. La estética del vicio. Natalia Valencia Hoja de la exposición
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